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ISBN 978-9972-48-226-7

Mujer, ¿quién eres?
antropología de la coidentidad esponsal

Autor:Castilla de Cortázar, Blanca
Editorial:Universidad de Piura
Materia:Mujeres
Público objetivo:Enseñanza universitaria o superior
Publicado:2021-07-31
Número de edición:1
Tamaño:10Mb
Precio:S/57
Soporte:Digital
Formato:Epub (.epub)
Idioma:Español

Reseña

PUNTO DE PARTIDA
Culturalmente, como remedio al subordinacionismo ancestral y a la sumisión unilateral de la mujer al varón, los movimientos en favor de la igualdad no acertaban a conciliar simultáneamente igualdad y diferencia. La oferta era un igualitarismo radical que escondía e, incluso, repudiaba la diferencia. Era curioso advertir que quienes se oponían a lo que se ha venido a llamar el «modelo patriarcal» de relación entre los sexos –que consideraba y trataba a la mujer como inferior y pasiva–, hacían suyo el principal error de la postura que querían superar: que la diferencia es sinónimo de subordinación.
Desde el punto de vista social, ya entonces, comenzaba a notarse la crisis de los vínculos permanentes −reducidos a mero asunto legal−, a la separación entre sexo, amor y procreación. Tras el Mayo del 68, por sexualidad comenzó a entenderse únicamente el ejercicio de la genitalidad, no importa con quién, con tal de que fuera gratificante. Y también apuntaba la ambigüedad de la noción antropológica de género, que ya había saltado a la palestra y comenzaba a tener reservado un apartado específico en las librerías de toda Europa. De ahí a la fractura actual entre cuerpo, identidad y sexo solo faltaba un paso, que ya se preveía.
Nos preguntábamos cómo era posible que faltaran respuestas, también dentro del pensamiento cristiano, que siempre ha tenido gran respeto por la mujer, siendo Santa María considerada y tratada como la criatura más perfecta, al lado de José de Nazaret, un caballero, ejemplo acabado de masculinidad, de una talla tan grande, que nadie ha sabido aún describirle como corresponde.
Si las primeras preguntas surgían en la vida, no eran menores las que se presentaban en la teoría. Fuimos observando que, entre los intelectuales, filósofos y teólogos, se justificaba la sumisión unilateral. Unos, basándose en errores periclitados respecto a la generación que venían desde Aristóteles, que la ciencia había superado desde finales del siglo XIX, cuando se descubrió la fecundación. Otros, por argumentos teológicos que provenían secularmente de «interpretaciones antiguas» o literales de textos bíblicos, que no tenían en cuenta los géneros literarios.
Resultaba bochornoso que algunos defendieran la tesis de que la mujer representaba solo a la criatura, mientras que el varón tenía la capacidad de representar a Dios, o que el varón representaba a la humanidad entera, mientras que la mujer siempre había sido parte, porque ella –supuestamente creada después– había sido sacada de él. Por otra parte, según ellos, el varón representaba de alguna manera la totalidad de lo humano, como Adam solitario, origen y representación de lo humano. que había tenido al principio. ¿No era esto una reminiscencia del mito del andrógino, trasladado a la interpretación de los textos bíblicos? Se interpretaba el ‘Adam del Génesis 2 como un uno original, que había sido partido en dos mitades: las tan traídas y llevadas dos medias naranjas. Era difícil reconocer como verdaderos sus razonamientos: ¡se oponían tanto a la propia experiencia personal! Sus razonamientos producían, ciertamente, irritación ontológica.

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