En la poética de Entre el mar y la montaña el hablante lírico muestra dos concepciones sentidas usando un mismo registro tonal. En la sección El mar que no conozco expresa su extrañamiento y su asombro sobre un escenario desconocido por él; en Historia entre las montañas declara su retorno al terruño y su prospección vital, como coda. En la primera sección, este hablante transfiere visiones y concepciones de un escenario que le es ajeno: […] / estoy solo ante un escenario extraño, […], / bajo un cielo que no me pertenece. / […]. A donde nunca debí llegar […]. En la segunda sección muestra su beneplácito por el retorno al lar: Por fin ha culminado mi ostracismo […] / he dejado atrás una nación extraña / y he vuelto a mi patria añeja.
Los versos citados pertenecen solo a los primeros poemas de las dos secciones de Entre el mar y la montaña; en ellos también se pueden sentir el arrepentimiento (“A donde nunca debí llegar”) y la felicidad (“Por fin ha culminado mi ostracismo”); así, las ideas que transmiten estos versos adquieren vigor por el caudal emocional y la energía que en ellas están impresas, de esta suerte se puede testimoniar el padecimiento contagioso del hablante lírico.
Para esta poesía se puede decir que las ideas son los leños, la emoción es el fuego y el aire la energía que, unimismados, provocan una experiencia viva y sensible. Así es la poesía, transmitir la vibración del emisor; así es la poética de Entre el mar y la montaña de Andrés Jara.
Víctor Manuel Rojas
Huánuco, 1964-