La narrativa de Elver Pizarro es verosímil aun en sus planteamientos más inverosímiles. No hay manera de dudar de ella. Gran parte de esto versa por lo humano de sus personajes y protagonistas, dados a la ilusión, al amor, al encuentro de aquello que se considera perdido. El relato breve es un ejercicio difícil que permite dimensionar otros planos literarios. Pizarro ha asumido el reto con un par de novelas inéditas que ya tiene en revisión final.
Quienes deseen penetrar en los renglones de ficción de una «Rutina de siempre», encontrarán aun autor contemporáneo, apegado al accidente y los caprichos de la modernidad que le ha tocado vivir, con la sabia conciencia de que no tiene sentido apurar una publicación cuando lo que se desea es reafirmar la propia existencia a partir de las letras.