En la era digital, el acceso a información sobre salud es más amplio y rápido que nunca, pero también conlleva un desafío significativo: la capacidad de discernir entre la información precisa y las noticias falsas o engañosas. La alfabetización mediática e informacional (AMI) surge como una herramienta fundamental para ayudar a las personas, especialmente a jóvenes, familias y cuidadores, a navegar en el mar de información digital y tomar decisiones informadas sobre su salud. En este contexto, la enfermería juega un rol crucial en la promoción de una AMI efectiva que impulse el bienestar y el empoderamiento de las comunidades.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la alfabetización en salud como "la capacidad de los individuos para adquirir, procesar y comprender información básica de salud necesaria para tomar decisiones adecuadas" (OMS, 2013). Sin embargo, en la actualidad, la alfabetización en salud va de la mano con la alfabetización mediática e informacional. Como menciona Hobbs (2010), "la alfabetización mediática permite a las personas cuestionar y analizar críticamente los mensajes de los medios", lo cual es esencial para filtrar la avalancha de información sobre salud en redes sociales y otros entornos digitales.
Para los profesionales de la enfermería, la AMI no solo es una competencia profesional, sino una responsabilidad ética. En su interacción constante con pacientes y comunidades, los profesionales de la salud están en una posición ideal para guiar a las personas hacia fuentes de información fiables y ayudarles a desarrollar habilidades de pensamiento crítico, de modo que puedan tomar decisiones saludables y responsables en un mundo cada vez más digitalizado. La AMI, como parte de las competencias de enfermería, permite a los profesionales "promover la salud y prevenir la enfermedad mediante la educación del paciente"