La Universidad tiene la misión de potenciar alumnos críticos, analíticos, innovadores y con un alto nivel de desarrollo de los valores humanos. La función docente es tan antigua como la humanidad y sin embargo, hoy sigue siendo una disciplina difícil que algunos llaman arte. En la actividad docente debe haber dos protagonistas y nunca uno es completamente consciente de la actitud del otro durante el intercambio de conocimientos. En consecuencia, el profesor debe observar y solucionar sobre la marcha aquellas dificultades que se presentan, y ello requiere intuición, lucidez y experiencia. Las concepciones educativas actuales conciben el proceso docente-educativo como un proceso comunicativo de diálogo, donde deben prevalecer las relaciones en el mismo plano entre profesores y alumnos y donde el alumno asume un papel activo en su propio desarrollo. En general, la docencia y la investigación son funciones estrechamente relacionadas dentro de las universidades: no puede haber enseñanza de calidad sin el apoyo de los resultados de la investigación, que a su vez encuentran en la docencia un lugar natural para comunicar, analizar y discutir sus hallazgos y resultados. Hay que tratar de inculcar en el alumnado la necesidad de aprender de forma autónoma. No se trata simplemente de transferir información: se trata de enseñar al alumnado a pensar. Los mejores docentes están menos interesados en las respuestas que en las reflexiones que llevan a ellas. Los mejores líderes y maestros ayudan a la gente a aprender cómo pensar por su propia cuenta en vez de indicarles lo que tienen que pensar.