La ciencia ficción y la novela histórica convergen en este experimento narrativo, dos géneros que, aunque aparentemente opuestos, comparten una misma raíz: la curiosidad por lo desconocido. Mientras la ciencia ficción imagina mundos posibles, la novela histórica rescata mundos que ya existieron. Ambas invitan al lector a cuestionar el presente, a preguntarse qué probabilidades hubo de que algo sucediera o no, y cómo esos eventos moldearon nuestro camino.