Estoy seguro que más de una vez nos hemos preguntado: “¿Cómo es que se mantiene la música, la danza, las costumbres, los cantos, a través del tiempo en un determinado lugar?”, o tal vez: “¿Estará evolucionando para bien la parte cultural de un pueblo a medida que pasa el tiempo?”. Definitivamente son preguntas e inquietudes que debemos tomar en cuenta como sociedad responsable y herederos de un gran legado ancestral.
En ese contexto, encuentro necesario que tenemos la responsabilidad de conocer, estudiar y/o preguntar sobre nuestra historia, en todos los aspectos. Es un hecho real qué, en cada pueblo existen hombres que han cultivado esa estrecha relación con la naturaleza, son “los Aukis”, conocidos también como los supremos sacerdotes andinos, que tienen como ayudantes y aprendices a “los Pongos”, también están “los Yachaq”, que son los portadores y guardianes de conocimientos ancestrales. Y no necesariamente el “Yachaq” viste de terno y corbata, la mayoría de veces los podemos encontrar arando la tierra, calculando la lluvia para el sembrío, agradeciendo a la naturaleza por las bondades que nos brinda o tal vez, simplemente tocando su arpa o violín.
Sin embargo, nuevamente Puquio nos brinda esa calma que ansiamos sentir al paso del tiempo. Notamos como nuestra tierra entrega sutilmente sus conocimientos, su cariño, su sentimiento, sus recuerdos, a los nuevos “Aukis”, a los nuevos músicos, a los nuevos cantores, a los nuevos compositores. Como si fuera una reencarnación hermosa, tal como hablaba Arguedas en “La Agonía de Razu Ñiti”, Puquio vuelve a encargar su legado más increíble a las nuevas generaciones, quienes con mucha responsabilidad y pasión deberán continuar con esta noble tarea.