El Derecho tributario cambió mucho en los últimos tiempos. Cambió como resultado de la renovación del propio concepto de Estado y de sus Constituciones. Cambió porque las relaciones económicas fueron severamente alteradas en el curso de las décadas más recientes. Y cambió porque la teoría del Derecho avanzó y su doctrina tenía que incorporar esas mutaciones innovadoras. Todo eso hace que el tributarista de la actualidad viva intensamente entre los clásicos y la vanguardia; entre el conservadurismo y la necesidad de adaptación y actualización a los nuevos modelos de negocios y de organización de las empresas; entre una administración de legalidad rígida y los anhelos de una mayor aproximación entre Fisco y contribuyentes que ejecute el compromiso con la seguridad jurídica, con la confianza y buena fe de los ciudadanos y con la simplificación de sus normas y actos.