Ante esta realidad lo prudente es estar siempre en camino poniendo
orden en la propia vida para ser instrumento de paz. Necesitamos
darle orden a nuestro tiempo, esfuerzos, deseos y proyectos. No es
tiempo para condenas y victimismos, sino para curar y aliviar los sufrimientos.
Es tiempo de poner orden, de salir de sí mismo olvidando
miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real.