Escritos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los ocho poemarios que componen la obra de Blanca Varela dibujan una obra singular y compleja que se nutre, en sus comienzos, del surrealismo y del existencialismo, pero que irá trazando luego su propio camino, libre, sin ataduras respecto a las poéticas dominantes en América Latina y el Perú, como la social o la conversacional. Si bien no puede decirse que su obra fue rompedora o rupturista dentro de la tradición poética peruana, sí abre en ella una brecha. De hecho, con su poesía, Varela empieza a resquebrajar el patrón masculino del canon. Es la primera poeta mujer que conquista una visibilidad y un lugar en el seno de la tradición y el campo poético-literario nacional, haciendo de su experiencia como individuo y mujer la materia privilegiada de su lenguaje e imaginario poéticos.