Decidí llamar al libro Poemas Carachosos ya que no quería usar ningún título poético ni presuntuoso. Me di cuenta de que todos los poemarios llevan nombres rimbombantes, crípticos, simbólicos; pero si iba a publicar versos, deseaba hacerlo junto con un mensaje directo, una señal clara de que «el hombre nace puro pero la sociedad lo corrompe». Por eso el título tan esperpéntico que lo primero que impregna en la mente es sarna y caracha, roña y lepra: porque es un libro escrito en prisión, donde reside lo peor de lo peor, la lacra.