Entre el escombro y el canto, entre la fragilidad del cuerpo y la persistencia del deseo, la poesía de Ana María Falconí se despliega como una respiración mínima, pero intensa. Cuaderno de colibríes (2006–2023) no es solo una antología: es un mapa íntimo de supervivencia, un ejercicio de escritura que convierte la ausencia, el tiempo y el dolor en formas de habitar el mundo. Con una voz propia y radical, Falconí esculpe con palabras lo inasible: la casa vacía, el pez sin latido, el balde que sube del pozo como un animal de sed. Su poesía traza un diccionario emocional donde el cuerpo, la naturaleza y los objetos cotidianos se transforman en símbolos de resistencia y memoria. Aquí, la belleza es frágil, pero irrenunciable. Y el lenguaje, una forma de sostenerse al borde de la disolución. Un libro que no se lee: se escucha, se respira, se queda.