El arte en sus distintas manifestaciones ha sido desde tiempos remotos el medio a través del cual el hombre se ha valido para que los pueblos no olviden su pasado, a sus ancestros y la tierra que los vio nacer. Francisco González Gamarra encarna a esos maestros de la memoria, pues gracias al dominio del pincel plasmó la historia del Perú con vivos colores, pintando su Cusco natal y la Lima en donde encontró acomodo su vida profesional y familiar. Con gran acierto supo transmitir todo ese bagaje a la hora de representar un rostro o un paisaje.