El mar, en este poemario, es el núcleo de su interés lírico.
Poéticamente, con este texto, el lenguaje estético teje una
relación de amor entre la autora y el mar, de quien le duele el
mal trato que recibe a cambio de todos los bienes que nos
provee. El mar, en la poesía de Catherine es vida, energía,
riqueza, origen, paisaje; pero el hombre lo intoxica, lo
depreda, lo destruye sin ninguna consideración. Felizmente,
para ella, el afeamiento por la contaminación humana,
promueve en ella una contemplación estética y una relación
sentimental que la impulsa a hablar por él, poniéndole su
palabra de lamento y reclamo en cada texto.