El texto analiza la disputa por Cajamarca en el siglo XVII, cuando, pese a haber sido fundada en 1565 como reducción de indios para la población caxamarca, comenzó a ser ocupada ilegalmente por españoles, mestizos y otros grupos. Para legitimar su presencia, los españoles promovieron el cambio de estatus de reducción a villa, adquirieron tierras, solares y casas y construyeron una parroquia, la Santa Catalina. Estas acciones buscaban modificar la naturaleza jurídica del lugar. Sin embargo, el reconocimiento oficial de Cajamarca como ciudad no se logró sino hasta 1802, tras más de dos siglos de conflictos.