La endeble vida democrática y política de los partidos del Perú en el último cuarto del siglo XX tiene un punto de quiebre con el triunfo electoral del extinto Alberto Fujimori en 1990 quien utiliza un discurso de desprestigio a los partidos y sus líderes calificándolos de tradicionales y anacrónicos; con esto, generó el debilitamiento de la institucionalidad estatal y provocó una conducta anti partido que llevó al descrédito de la política y al colapso de la partidocracia. Capitaliza el voto de una población que solo es votante más no ejerce ciudadanía, que asiste a las elecciones de cualquier nivel por temor a las multas y no porque es consciente de su voto y su responsabilidad con la problemática socio económica y ambiental, es arrastrado por la demagogia y la influencia de la mediatización de la política.