La salud mental se ha convertido en una preocupación creciente en las universidades de todo el mundo, y cada vez son más los estudiantes que experimentan problemas psicológicos que afectan su rendimiento académico y personal (Li et al., 2025, Païs et al., 2025, Paiva et al., 2025).
En la transición hacia la vida universitaria, los estudiantes enfrentan diversos estresores que van desde las presiones académicas hasta el manejo de las finanzas y las conexiones sociales (Aloka, 2024, McCloud & Band, 2019). La presión académica, el estrés financiero, la falta de soporte social, la soledad, el trauma, la falta de prácticas inclusivas y los estresores relacionados a la pandemia del COVID-19 impactan negativamente el bienestar psicológico de los universitarios (Hyseni Duraku et al., 2024). Por lo tanto, este período de transición a la universidad puede agravar problemas de salud mental preexistentes o desencadenar nuevas dificultades (Li et al., 2025).