La planificación y el desarrollo constituyen hoy pilares esenciales para orientar la acción pública y privada. Su implementación resulta estratégica para reducir la pobreza y enfrentar el desempleo, siempre que se impulse desde un enfoque participativo, en el que la comunidad intervenga activamente en la definición de sus prioridades y en la gestión de sus recursos. Este modelo supera la lógica centralizada y vertical, sustituyéndola por procesos de concertación que involucran a los actores locales en la toma de decisiones.