La pobreza en el Perú se ha naturalizado, debilitando el debate público bajo una “cultura de la indiferencia”. Mientras en Lima afecta al 28% de la población y en el ámbito rural permanece en 40% (con 16% en pobreza extrema), las políticas sectoriales no muestran eficacia. Frente a esta situación crónica, se demanda acción concreta contra el hambre y la malnutrición, donde la antropología y la formación en desarrollo social juegan un rol clave.