Es difícil escribir sobre un escritor cuya fama y reputación están bien
ganadas a no ser que sea para adherirse a la admiración que se le tiene.
Cualquier crítica al famoso por mínima que sea corre el riesgo de ser descalificada.
Es la envidia propia de nuestra condición humana, se dice, la que pretende
manchar la reputación del hombre que ha llegado a la cima. Si esa crítica
viene de alguien próximo a él es cainismo. Si proviene de su entorno es traición.
Si viene de lejos, ignorancia. Sucede que algunos escritores son conscientes de ese privilegio y lo usan para opinar y actuar con osadía. Ya Sócrates32 advertía «que los buenos artesanos adolecían del mismo defecto que los poetas: por el hecho de ejercer bien su oficio, creía cada uno de ellos ser muy sabio también en todas las demás cosas de mayor importancia, y este desarreglo de su saber oscurecía aquellos conocimientos».