El poemario consta de sesenta y cinco poemas, secuenciados mediante números romanos, la mayoría de gran extensión formal: incluso algunos de ellos superan los cuarenta versos. La primera característica que destaca en Sombras de Amor es su gran variabilidad de formas, producto de las libertades formales, casi ilimitadas, que se toma su autor: extensiones sumamente variadas de los versos, frecuentes cambios de tipos de letras, empleo de secuencias de grafías mayúsculas en los lugares menos esperados, disposiciones gráficas innovadoras y especies de retahílas verbales al principio de un poema o entre estrofa y estrofa. El segundo aspecto que se desprende de la lectura de Sombras de Amor, es la suma de influencias (seguramente indirectas la mayoría de ellas) que su autor ha recibido como producto de sus diversas lecturas formativas y que, en mayor o menor grado, se reflejan en algunos versos o secuencias de versos del poemario: el tono profético y apocalíptico que rezuma gran parte de la poesía de Arthur Rimbaud; la soledad, el dolor, la tristeza y el apego a lo tanatológico presentes en muchos versos de César Vallejo; los experimentos vanguardistas de Martín Adán, Pablo Neruda y del propio Vallejo; las peculiares formas gráficas de Guillaume Apollinaire; finalmente, el refinamiento estético y la ternura poética de Jorge Eduardo Eielson.
Juan Giles Robles