Las seis obras de este libro, aunque distintas en estética y temática, dialogan entre sí desde la memoria, la pérdida y la necesidad de encontrar sentido en el dolor. Todas las piezas hablan de despedidas y de la búsqueda de sentido en medio de lo irreparable, cada una con un lenguaje único: títeres, danza, distopía, intimidad amorosa y rituales de dolor. Así, en este tomo de Dramaturgia Joven aparece un territorio común: la dramaturgia como un espacio donde se ponen en juego la memoria, los afectos y las tensiones entre lo individual y lo colectivo. Cada obra abre una puerta distinta, pero todas coinciden en preguntarse cómo enfrentamos lo que perdemos, y cómo seguimos viviendo con lo que permanece.