Un pan de origen ancestral, Tantawawa, que tiene diversas formas, pero sobre todo la de una wawa, o niña pequeña, es el objeto desencadenante para desarrollar una historia de riñas y amistades, de anhelos y carencias, dentro de un ámbito donde la familia es el tronco principal para la felicidad. Palmira y Sabrina, dos niñas que acaban siendo rivales, representan el papel de lo bueno y lo malo, de lo que está bien y de lo que requiere cierto arreglo, sin caer en la fácil solución de eliminar al contrario, sino más bien en remarcar las diferencias entre el privilegio y la necesidad. Los sentimientos como arma poderosa entran a tallar cuando surge la inevitable pugna, por lo que la corta edad no será impedimento para ahondar en las contradicciones, problemáticas y desavenencias de la vida. Historia ejemplificadora en algunos aspectos, matizada con la ausencia de un ser querido que le otorga el halo emotivo, nostálgico, a la situación.