Son historias escritas un tanto a la usanza de los antiguos sabios y jocundos narradores con el esquema de: introducción, nudo y desenlace; cuyos inicios describen, con claridad y buen gusto, el lugar o espacio donde se presenta el protagonista y luego se desarrollan los hechos dramáticos; como ocurre en “El caballero Carmelo”.
Los hechos dramáticos en el caso de estos cuentos se apegan, con buen criterio, a la nostalgia y ternura del decir y narrar con los sentimientos andinos de los viejos abuelos. La intensión de cada lectura y trama no busca la moraleja. Todo lo contrario. Pero sí procura el sano divertimento. De ahí su pedagogía lúdica. Su sabia voluntad de procurar lectores, solo por entretener, fascinar y motivar alguna trascendente reflexión.