En un mundo atravesado por la sobreinformación, las narrativas fragmentadas y los discursos polarizados, el pensamiento crítico ya no es un lujo académico: es una necesidad urgente. Formar estudiantes capaces de analizar, argumentar, contrastar y reflexionar con profundidad y autonomía es, hoy más que nunca, uno de los pilares fundamentales de la educación secundaria. Como afirma Edgar Morin (2000), “educar para el pensamiento complejo es preparar al ser humano para enfrentar la incertidumbre, la contradicción y la interdependencia del saber.”