A lo largo de la historia, la lectura ha sido concebida como un pilar fundamental del aprendizaje humano, un puente hacia la cultura, la comprensión del mundo y el desarrollo integral de las capacidades cognitivas. Su valor no radica únicamente en facilitar el acceso a información y vocabulario, sino en permitir que el lector despliegue procesos mentales complejos orientados a interpretar, analizar, relacionar y transformar el conocimiento. Como señalan diversos autores, leer no es un acto pasivo, sino una actividad intelectual que exige construir significados y elaborar representaciones mentales que conectan el texto con la experiencia y el pensamiento del lector.