Tsetung continúa con su vida, la de un joven normal. Ahora la gris, húmeda y agresiva ciudad de Lima se presenta como el escenario principal, aunque Cusco no deja de estar presente. En esta entrega, Me creía huallata, el protagonista va relatando con gracia, emoción e intimidad su llegada a la capital, sus vivencias universitarias y la compleja relación que mantiene con su padre, quién vive épocas inciertas, similares a las que enfrenta la huallata (ganso andino) cuando pierde a su pareja. Esta es una búsqueda introspectiva por reencontrarse con todos aquellos sentimientos que, debido al ímpetu juvenil, Tsetung parecía haber perdido de vista.