El frijol (Phaseolus vulgaris L.) es un cultivo originario de América, con una historia de domesticación compartida por varios centros culturales, en una gran diversidad de ecosistemas y que se remonta aproximadamente a ocho milenios (Weller et al. 2019).
Se trata además de uno de los cultivos nativos más importantes entre las fabáceas de grano en el Perú, yaw sea por su aporte a los ingresos monetarios tanto como a la seguridad alimentaria. A pesar del incipiente desarrollo e introducción de cultivares comerciales en la Sierra y la Costa, pocos esfuerzos nacionales han considerado seriamente el inventario y utilización de las variedades de frijol cultivadas tradicionalmente en los valles interandinos orientales y de la selva peruana. En dicho sentido, no es exagerado afirmar que el conocimiento de la diversidad genética y el origen de dichas variedades es insuficiente y constituye un potencial inexplorado de genes y fenotipos a revalorar y considerar en los programas de fitomejoramiento.