A los 17 años, Harald Mayrock saltó de un tren del ejército vencedor
que lo conducía a un campo de trabajo forzado. Ese salto no solo
lo arrancó de la muerte: lo lanzó a la libertad. Con esa misma
determinación llegó al Perú con una maleta de fragancias, sabores e
ilusiones. En cinco décadas fundó más de una docena de empresas,
dio empleo a cientos de miles de familias y convirtió a Montana en
un ícono de la industria veterinaria y agrícola. Su legado trascendió
lo económico: fue ejemplo de honestidad, solidaridad y disciplina.
Su vida es la historia de un salto decisivo: del joven que huyó del
encierro al visionario que levantó un legado imborrable.