Tristezas y alegrías se disputan en él como en un damero de ajedrez, cuyas fichas se entrecruzan buscando ser las primeras en llegar a la meta. Llega una, se corona, avanza insolente sobre las otras, que tímidamente le ceden el paso. Pero no, no se dan por vencidas, entonces una avanza, la vida avanza dando tropezones sobre las otras señales. Hay un juego risueño entre ellas, pero en este juego se apuesta algo más que todas las fichas conocen, entonces cada quien toma su lugar, y lo defiende hasta vencer o morir.
Lima,
Economista