Hay pasiones intensas en sus cuentos, pero nunca se nos aparecen directas o desnudas; están veladas por una cautelosa reflexión que ilumina en ellas facetas imprevistas, pero que al mismo tiempo las disuelve en un clima de irrealidad. Podría definirse este libro con el título famoso de otro: La educación sentimental. Los sentimientos están sujetos a control, domesticados por el decoro y las puntillosas reglas de hogares tradicionales que difícilmente soportan el escándalo de la verdad. Aquí se habla razonablemente y en voz baja, precisamente porque los conflictos pueden echar abajo ese mundo autoprotegido y regulado por el hábito. La casa es un motivo importante en estos cuentos y representa un tipo de orden o estabilidad contra los embates de algo vago pero inquietante: el oscuro retorno del pasado, la seducción del pecado o la aventura, la tentación del mal.