El poemario propone un recorrido que va de la frustración infantil y el conflicto adulto hacia una salida utópica anclada en lo árido y lo desechado, donde la belleza surge de aquello que la sociedad rechaza. Esta poética dialoga con la figura del artista maldito y con una búsqueda estética marcada por la violencia y el desperdicio, especialmente visible en la obra de Tola de los años ochenta. Leídos en clave histórica, los poemas forman parte del desarrollo intelectual y artístico de una figura central del arte peruano contemporáneo.