Había una vez un toro fuerte, simpático y soñador llamado Amador.
Vivía con su familia en el campo y tenía un gran sueño: abrir su negocio
de venta de helados. Podría comenzar en su casa, luego alquilaría un stand
en una feria y poco a poco se haría más conocido, hasta llegar a abrir una tienda.
¿Una tienda? Muchas tiendas. Con eso soñaba Amador.