Este trabajo intelectual es dedicado a todos los docentes que, como sembradores de palabras, cultivan en sus estudiantes el amor por la lectura y la escritura como herramientas de libertad, pensamiento crítico y participación ciudadana. A las niñas y niños de la educación primaria, cuya curiosidad y creatividad nos inspiran a renovar nuestras prácticas cada día. A las familias y comunidades que acompañan silenciosamente el despertar lector de sus hijos, y a quienes creen que una educación de calidad comienza por reconocer la diversidad, respetar los contextos y enseñar con el corazón. Que este esfuerzo contribuya a formar lectores autónomos, sensibles y comprometidos con un mundo más justo y humano.