¡Eduardo Saldaña ha vuelto! Ha vuelto portando nuevos estigmas y viejos símbolos sagrados. Nos presenta en este mosaico dividido en cuatro estaciones una sucesión de imágenes, texturas, sensaciones, aforismos, reescrituras míticas y epitafios: el recorrido vital de un hombre hacia su equivalente divino y desde un dios hacia su equivalente mortal.
Parece que José Watanabe, Charles Baudelaire, Alejandra Pizarnik, William Carlos Williams, Wisława Szymborska, Alejandro Sánchez y Allen Ginsberg observan desde lejos el ascenso de este hijo suyo, este iniciado que ha tenido la precaución de no unir sus alas con cera.
Ah, ya quisieran quienes portan laureles falsos poder crear mundos habitables tan vivos.
Eduardo, en tus manos la poesía peruana está a salvo. Habrá que inventar nuevas maneras de escribir para seguirte el paso.
Miguel Gil Castro