Esta novela está planteada a manera de una partida
de ajedrez, en la que los arroyos y los setos dividen
los cuadrados y Alicia es un peón que desea ser
reina. Desde luego que se trata de una partida
de ajedrez donde todo es absurdo y lo aparente
es irreal. En el mundo del espejo la realidad luce
deformada, por lo menos en la perspectiva de
Alicia.