Este libro es un mapa de cicatrices transformadas en versos y crónicas, un ejercicio de "desnudamiento" del alma que nos obliga a mirar de frente las esquinas más olvidadas de nuestra sociedad. La obra arranca con una declaración de principios poderosa: el autor reconoce que sus ideas fluyen como un remolino y que su labor es simplemente darles forma, "vistiéndolas de tinta". Desde ese exordio, queda establecida la premisa del libro: la literatura como el puerto donde desembarcan las vivencias de una vida truncada por la orfandad y la pobreza. La transición de la infancia en Barrios Altos —con el aroma a mazamorra morada de la madre coraje— hacia la delincuencia temprana, se narra no con autocompasión, sino con una lucidez sociológica que estremece.