Enseñar a escribir no es simplemente instruir sobre cómo estructurar oraciones, aplicar conectores o seguir reglas gramaticales. Es un acto profundo y transformador que invita a los estudiantes a mirar hacia su interior, a explorar su voz única y a crear significado a partir de sus propias palabras. Se trata de acompañarlos en el descubrimiento de su estilo, en la capacidad de imaginar mundos nuevos y resignificar su propia realidad. En un mundo donde la escritura escolar a menudo se limita a respuestas cerradas o textos funcionales, apostar por la escritura creativa es un acto pedagógico profundamente humanizante, que abre las puertas de la imaginación y del pensamiento crítico.