Infinitésimo Contrasentido, el incestuoso, el artífice del pecado carnal, es un simple deambular laberíntico hacia lo profundo de las tinieblas mentales. Retorcido, enmarañado, contrito, enérgico, ambivalente, coronado de infortunios, de aquí que sea necesario mencionar que la semántica de su nombre lo entalla, sin dilación, en el eje motriz del sufrimiento cíclico.
Su madre, Organela, como una unidad biológica funcional y estructural, como alusión al miembro de una célula eucariota, se desenvuelve sin otro sentido bien definido que el de alumbrar a su único hijo. Con su integridad siendo asolada por la violencia verbal y no verbal se esfuerza por sobrevivir al padre de Infinitésimo, al que los escrúpulos, los adjetivos descalificativos y los castigos divinos, no le amedrentan.
Dolores, el amor diáfano de Infinitésimo, cierra el trío de amor, la trinidad de angustia existencial- Organela, Infinitésimo y Dolores, en orden etario- corrigiendo el desamor, y de modo contraproducente, yuxtaponiendo desesperación, muerte, desatorando la tragedia de trato sexual, planteando el serio desafío del conócete a ti mismo de Erasmo, antes célebre en el templo de Delfos, o en la boca de Tales, o en la de Sócrates, ahora vital para el protagonista de esta historia de amor prohibido pero consumado.