La afectividad constituye un pilar esencial de la vida marital y un factor decisivo en la calidad de los vínculos familiares, con impacto directo en la estabilidad de los hogares y el bienestar de los niños. A pesar de su relevancia, la literatura especializada ha prestado escasa atención a los factores determinantes del vínculo afectivo en las relaciones de pareja, limitando la comprensión de cómo las características sociodemográficas influyen en su construcción y percepción.
El Observatorio de Familia (OFAM) del Instituto de Ciencias para la Familia presenta su tercer informe, centrado en el análisis del vínculo afectivo entre las parejas peruanas desde la perspectiva de las mujeres en edad fértil. Utilizando datos de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del periodo 2015-2024, el estudio examina la percepción femenina respecto a las conductas de afecto y respeto manifestadas por su pareja, aportando evidencia sobre un tema poco explorado en países en vías de desarrollo y contribuyendo al diseño de políticas públicas orientadas a fortalecer las relaciones de pareja y la vida familiar.
El nivel de percepción del vínculo afectivo ha mostrado una tendencia creciente en los últimos años, reflejando una posible mejora en la calidad percibida de las relaciones. Las mujeres casadas que viven junto a su pareja y mantienen una diferencia de edad menor a cinco años reportan niveles más altos del indicador, sugiriendo que la formalidad del vínculo, la convivencia cotidiana y la cercanía etaria favorecen la manifestación de conductas afectivas y respetuosas.
Los recursos educativos y económicos muestran una relación positiva y consistente con la percepción del vínculo afectivo, evidenciando que estos factores no solo condicionan aspectos materiales de la vida familiar, sino que también inciden en la calidad de las interacciones afectivas en la pareja. Las relaciones más recientes registran niveles más altos de vínculo afectivo que disminuyen progresivamente conforme aumenta la duración de la unión, mientras que residir en zonas urbanas se asocia con una mayor percepción de comportamientos afectivos.
En contraste, la participación laboral de la mujer y un mayor número de hijos se asocian negativamente con el vínculo afectivo percibido, siendo la diferencia significativa a partir del tercer hijo. Estos hallazgos resaltan la importancia de promover políticas que favorezcan la conciliación entre la vida laboral y familiar, así como la corresponsabilidad en el cuidado de los hijos y las tareas del hogar.