En A flor de lenguaje, Alberto Silva Cotrina alcanza una voz esencial: una palabra que ya no describe, sino que revela. Su poesía brota del silencio y regresa a él, como quien respira lo sagrado de lo cotidiano.
Cada poema es un tránsito entre la tierra y el espíritu, entre el amor humano y la fe interior, entre la herida y la luz. En este recorrido, obras como Camino sereno, Tal raíz, Bambamarca o Tierra dormida trazan el mapa de un alma que ha comprendido que la existencia no se conquista: se abraza.
Depurado hasta la transparencia, su lenguaje nos invita a escuchar lo invisible: la voz del silencio, la raíz del ser, la fe que sobrevive al ruido.
A flor de lenguaje es más que un poemario: es una meditación sobre el amor, la memoria y la dignidad de lo humano. Una ofrenda poética en la que lo divino y lo terrenal respiran al unísono, recordándonos que, aun en la sombra, la palabra puede ser luz.
Hablar a flor de lenguaje significa hacerlo desde lo más vivo y desnudo del ser, cuando la palabra ya no sirve para decir, sino para revelar, sanar y recordar.