Hace algún tiempo, una tarde, tres hermanitos se adentraron en el bosque y descubrieron algo asombroso, que los eucaliptos lloran. Este encuentro mágico dio origen a una hermosa tradición en el poblado de Sucre. Cada mes de julio sus habitantes esperan la llegada de los niños con lágrimas-miel para intercambiarlas por deliciosas cocadas. El cuento que tienes entre tus manos invita a escuchar a la naturaleza, a honrar nuestras costumbres y a reconocer el vínculo profundo que tenemos con nuestro planeta.