Por los méritos de estas primicias, concluyo que el oficio poético de Fabián Darío Mosquera —tanto en prosa como en verso libre— genera una escritura bajo exacto control: cuajando resonancias del más recóndito subconsciente humano, Mosquera nos invita a indagar por la naturaleza primigenia, adámica, del Amor. Cabe una anécdota a ese respecto: en la aproximación inicial al texto, la mirada se quedó atrapada en la siguiente frase “…Taj Mahal de puño y lepra”, verso que a la postre me resultó emblemático. Un capricho, pues, de simple lector... Que todo lo dicho sea como un genuino abrazo de reconocimiento a esta obra.
Carlos Germán Belli.