El libro que el lector gusta en manos es la recopilación de poemas que el académico y poeta Polyhistori Saggio (Iria Flavia, 1950 – Lima, 2019) trabajó durante los últimos diez años de su vida, entregada totalmente al acucioso análisis de textos clásicos de Literatura Moderna. Por ello, en las páginas de esta entrega desfilan tributos poéticos de doce versos a El Quijote de Cervantes, En busca del tiempo perdido de Proust, El ruido y la furia de Faulkner, La muerte en Venecia de Mann, Cartas a Theo de Van Gogh, Retrato de un artista adolescente de Joyce, Grandes pechos amplias caderas de Mo Yan, La casa verde de Vargas Llosa, El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, o El mundo es ancho y ajeno de Alegría, entre otras obras demiúrgicas que le impresionaron hasta el aturdimiento.
Sobre esta luminaria del placer estético, los entendidos lo juzgaron como una especie de Timón de Atenas (de «nuestro dios» William Shakespeare, como lo calificara el maestro Harold Boom, y cuyo Romeo y Julieta aquí está presente), pues en la etapa final de sus días le acusaron de misantropía antes de descerrajarse un tiro en la sien. En efecto, Polyhistori Saggio no dudó de romper vínculos con la sociedad, su amante (a quien dedica hermosos poemas, que son el canto a la vida y el amor), y su familia (tan lejana entonces), al sospechar casi paranoicamente la ingratitud, la mezquindad, la falsía y el terrible resentimiento de las personas que sentía más cercanas, y, consecuente con sus ideas, decidió aislarse en la habitación de la que apenas se le veía salir una vez a la semana unos meses antes de asesinarse.
El manuscrito ―hasta en eso se caracterizaba su pesimismo, como la del esteta Flaubert, también de su gusto― se halló en la mitad de un ejemplar antiguo e inmenso de su admirada y loada Los miserables, oculta entre miles de libros de su biblioteca personal. Sin embargo, contra la buena fortuna, parecía incompleta. Lo comprobamos después, lamentablemente. Lo que faltaba, hasta ahora ha sido y seguirá siendo un misterio. Para mí, en calidad de editor, hallarla fue gracia del destino, como el develamiento de Ismael en medio del océano furioso: es el sobreviviente de duras batallas contra el Mal.
EL EDITOR