No me cabe la menor duda de que la mejor manera de inculcar la lectura a los niños es a través de cuentos infantiles. Pues su imaginación es inconmensurable y salen de la narrativa de un cuento y dejan volar a su
imaginación con hechos que no están en el cuento. Eso lo comprobé cuando después de leerle un cuento a mi nieto, me lo explicaba con hechos que no tenían nada que ver con el cuento original.
Al mantenerme en los últimos años muy cerca de mi nieto menor de seis años, volví a tener la tentación de escribir cuentos infantiles. Algunos de leyendas urbanas y otros exclusivos de mi imaginación. Incluso, encontré entre viejos y abandonados papeles algunas tentativas de cuentos sobre experiencias con mis hijas, que debí reescribirlos en este trabajo.