En las profundidades de las Andes todos los elementos del mundo desde las montañas imponentes hasta las piedras mas humildes son concebidos como seres animados. Para los quechuas no es mera invención de leyendas contadas junto al fuego crepitante, sino un mundo vivo donde los humanos conviven con seres de otros órdenes de la existencia (denominados no humanos o personas no humanas) las sirenas de cautivadora belleza, las majestuosas montañas cuyos ecos narras historias antiguas, los difuntos que aun susurran entre las sombras, y los enigmáticos pishtacos y kukuchis figuras de temor y fascinación. Todos aquellos son los protagonistas de mi relato antropológico, un caleidoscopio de existencias entrelazadas en un baile eterno entre la vida y la muerte.