La globalización y el modelo actual de acumulación de capital han generado una serie de procesos de reestructuración territorial que proponen la necesidad de repensar procesos de fragmentación urbana, las nuevas características que adquieren la estructura y forma urbana, y la nueva relación que se establece entre actores públicos y privados. Metrópolis como Lima no logran generar un equilibrio entre la estructura urbana y la distribución social de sus espacios residenciales. Como resultado, la actual organización de la ciudad reproduce desigualdades socioespaciales y las vuelve persistentes.