En las páginas de Fuerza sabia: La historia de Saturnina, nos adentramos en una narrativa que es, a la vez, un testimonio de supervivencia y un canto de amor filial. Carina Amelia Ramos Velásquez no solo reconstruye la biografía de su madre; rescata una voz que el destino intentó silenciar en los parajes gélidos de Puno.
La historia de Saturnina comienza con una imagen desoladora: una niña de cinco años llorando bajo la nieve, custodiando ovejas en una soledad que ningún niño debería conocer. Desde ese bautismo de frío, la vida de la protagonista se convierte en una sucesión de desarraigos: el hambre en un hogar de adobe, la entrega forzosa a una familia militar a los siete años y el encierro en ciudades extrañas donde los juguetes fueron reemplazados por órdenes y golpes.
Sin embargo, este relato no se detiene en la tragedia. Como bien señala la autora, "la infancia que se niega nunca muere: se transforma en raíces profundas". Saturnina posee una voluntad inquebrantable que la lleva a huir hacia la libertad, a aprender a leer de forma autodidacta mediante recortes de periódicos y a construir, en la tierra de Moquegua, un hogar cimentado en el trabajo digno y el amor compartido con su inseparable Manuel.