¿Es posible vencer a un hombre que no deja cabos sueltos?
Wilfredo Quispe Mamani es un hombre de método. Para él, el mundo no es caos, es cálculo. Por eso, cuando decide que la traición en su vida debe ser eliminada, no improvisa: diseña el crimen perfecto. Sin rastro de pólvora, sin testigos, con una escena tan limpia que la justicia solo puede concluir una cosa: accidente.
Pero el sistema tiene un guardián que no cree en la suerte. Marcial Galiano es un fiscal que ha construido su reputación sobre victorias quirúrgicas y una obsesión implacable por la prueba. Ante un caso que “cuadra demasiado bien”, Galiano detecta la primera grieta: una diferencia de apenas treinta centímetros que lo cambia todo.
Lo que comienza como una investigación judicial se transforma en un peligroso juego de ajedrez entre dos mentes que desprecian el error. Mientras Wilfredo utiliza las propias reglas del proceso penal para blindar su impunidad, Marcial deberá decidir si está dispuesto a ser “políticamente correcto” o si hará lo necesario para que la verdad, esa que no siempre libera pero siempre alcanza, salga finalmente a la luz.
En un mundo de leyes y evidencias, la verdad no es un alivio. Es una condena.