La historia, ya sea humana, ya sea natural, en realidad no existe. Pero, ojo, con esto no quiero decir que lo que cuenta sea falso o nunca sucedió. No. Quiero decir que la historia no existe como hecho en sí, sino que lo que existe son los eventos, los sucesos, que se concadenan en procesos. Y cuando estos entran en la mente humana, para cada evento y para cada proceso hay una lectura, una interpretación, es decir, una historia. Y dependiendo de la rigurosidad, sensibilidad y de los conocimientos que tenga esa mente, su historia puede ser más o menos fantasiosa.
Así, hay infinidad de historias por cada evento que pueda haber ocurrido, incluso de forma simultánea. Entonces, no existe La Historia, pero, si se quiere, existen Las Historias. Y vivimos en tiempos en que cada uno de nosotros es libre de hacerse sus propias historias.
Así que estas son las mías. Mis historias. Tal vez originen nuevas historias cuando pasen de mi mente a la de ustedes. Quizá sólo se extingan para siempre en sus pensamientos. O, a lo mejor, se momifiquen entre sus neuronas, y su arqueólogo interno las exhume muchos años después y las recuerde con sus propias interpretaciones, dirigidas por sus experiencias personales. Eso sería interesante para mí, pues escribir es un proceso largo y difícil, es la tercera etapa, muy tardía, del proceso de comunicación con palabras: hablar, leer… escribir. Y cuando uno escribe, y hace público eso que imaginó o le iluminó la mente, el proceso sólo estará realmente completo cuando quien lo lee, lo asimila, lo comenta, lo complementa, lo
critica, lo corrige. Cuando se forma una red dentro de la gran red. Gracias.